martes, 23 de mayo de 2017

Historias del Culé de Chamberí. Mi primera decepción europea. La debacle de Manchester.

Era mi primer curso de vuelta a Madrid, y en aquel 1984 el Barcelona de Maradona y Schuster se debía enfrentar al Manchester United en los cuartos de final. En paralelo, aquella temporada, el Culé de Chamberí se estaba preparando para su Primera Comunión, y aquel partido de vuelta coincidió con uno de esos eventos previos, la Primera Penitencia, en la que todos los alumnos de 3º de EGB del colegio, nos confesábamos en un acto vespertino al que asistían los padres y padrinos, para llegar puros y limpios de pecado al día de la comunión.




Esta última circunstancia ya entonces me parecía un tanto ilusoria, pues entre un acto y otro, teníamos aproximadamente 2 meses para pecar de nuevo, y, dado el carácter un tanto bullanguero y devotamente impío de quien escribe, como era previsible, se hizo necesaria una segunda confesión en los días previos a la comunión para que mi catequista (la mítica ex-misionera y profesora de Religión Petra) me diera el beneplácito para vestirme aquel 19 de mayo de 1984 de niño bueno con aquella cruz de madera, que seguro mi madre todavía conserva, colgando del cuello.

En cualquier caso, esta Primera Penitencia era una gran fiesta que los niños afrontábamos con ilusión, aunque yo, he de reconocer, con un poco menos, porque sabía que me perdería, como poco, la primera parte del partido que retransmitió Televisión Española, lo que era todo un acontecimiento. Por entonces, recuerdo que teníamos recién estrenado nuestro video Sony Betamax, todo un lujo por aquel entonces, y el partido lo dejamos grabando (sí, aquel video ya dejaba programar grabaciones!!) por si no llegábamos a verlo. Esta cinta, imagino que sobregrabada por algún otro evento tipo ópera, concierto u otro partido de fútbol, no la he encontrado por ninguna parte en mi última batida en casa de mis padres para recuperar joyas futbolísticas de los 80 para mi colega @maradonainedito, maradoñano de pro y al que conmino a todos los futboleros seguir pues tanto en su magnífica web, como en su canal de YouTube tiene auténticas joyas del gran Diego. Podéis poneros en contacto con el para compartir material en info@maradonainedito.com

El Barça llevaba un resultado más que favorable del Camp Nou, donde había derrotado a los ingleses por 2-0, con un memorable segundo gol de Juan Carlos Pérez Rojo, aquel chico que fue nombrado segundo mejor jugador del Mundial Juvenil de Japón, tan solo por detrás de su compañero de equipo aquella temporada, Diego Armando Maradona. Rojo, semiescondido entre los equipos inferiores azulgrana, fue requerido por Menotti en su primera rueda de prensa, ante la atónita mirada de los periodistas especializados, que pensaban que el técnico argentino se refería al extremo del Athletic de Bilbao que goleaba por entonces a las órdenes del ínclito Javi Clemente. Hasta esa eliminatoria, el Barcelona nunca había desperdiciado una ventaja de dos goles en la ida, pero aquella noche, todo se iba a torcer.

Para empezar, el Barça tuvo que jugar con su segunda equipación, de color amarillo, que ya por entonces era considerada bastante gafe por el culé de a pie, pues con ese color ya habíamos perdido las dos Supercopas de Europa que habíamos jugado. La del 79 ante el Nottingham Forest en el Estadi, y la muy polémica unos meses antes contra el Aston Villa. Era una época en la que, dado que las televisiones no imponían nada y el azulgrana era un color poco repetido en la Liga y en Europa, no solíamos tener que vestir la segunda zamarra, pero solo ver al equipo salir al campo de amarillo, hizo ya a muchos culés de entonces, los del #PesimismoAtavicoCule temerse lo peor, como más tarde se confirmaría.


Maradona y Brian Robson, capitanes aquella noche en Old Trafford

La noche fue aciaga. Maradona salió al campo dicen que infiltrado, y apenas tocó el balón en todo el partido; el achique de espacios de Menotti funcionó a medias, como se demostró en el último gol del United; y Urruti tuvo una noche horrible, fallando un balón muy fácil en el segundo gol, que igualaba la eliminatoria, tras haber rifado la defensa un balón en un juego de despropósitos increíble. 

El equipo inglés era dirigido por Ron Atkinson, un prestigioso técnico inglés, con una larga carrera en las islas, y que incluso llegó a probar suerte años después en el Atlético de Madrid, siendo una víctima más de la voracidad de Jesús Gil con los entrenadores. Atkinson sería sutituido un par de años después por Sir Alex Ferguson, que por entonces aun dirigía al Aberdeen escocés que le levantó una Recopa al Real Madrid. Su capitán era el internacional inglés Brian Robson, el único, quizás junto a Wilkins con algún prestigio internacional en aquel correoso equipo.

En un ambiente infernal que todavía recuerdan los jugadores que saltaron al campo, el Manchester impuso su juego de puro Kick&Rush, basado en la presión, y los balones colgados al área, tanto en jugada como a balón parado, aprovechando las segundas jugadas casi siempre.

Precisamente en un saque de esquina a los 20 minutos de partido, mal defendido por la defensa culé, el capitán Robson inauguraba el marcador. Sin más novedad se llegó al descanso, y en una salida impetuosa del equipo local, consiguieron marcar en dos minutos, dos goles que le dieron la vuelta a la eliminatoria y que fue imposible ya de remontar por parte de un inoperante Barcelona.


Brian Robson marca el segundo tras un fallo de Urruti

Mi padre y yo llegamos para ver apenas los últimos 20 minutos de partido en casa, viendo como un impotente Barcelona era incapaz de crear peligro en la meta contraria. Visto el desastre, nunca llegué a ver el partido completo grabado, y quedó, como antes he comentado sumergido bajo otra grabación en una de aquellas cintas beta que siguen guardadas en un armario en la casa de mis padres.

En aquel tiempo, uno ya comenzaba a vislumbrar que mis inicios "triofants" en el barcelonismo era poco más que un espejismo en aquellos oscuros años 80 tan alejados de la realidad actual del Barcelona. Esperemos nunca tener que regresar a aquel fatalismo continuado de títulos perdidos, proyectos fallidos y fichajes de relumbrón sin proyecto ninguno. Aunque visto lo visto, ultimamente, no sé yo...

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