martes, 19 de febrero de 2019

Liga 2018-19. Jornada 24. Barça-Valladolid. Homenaje a la renovación del Valverde con otro partido discreto.

La semana iba avanzando con la ausencia de partidos entre semana por primera vez desde Año Nuevo, de manera tranquila en el Barça, hasta que el viernes a primera hora de la mañana saltaba la noticia desde el club: Ernesto Valverde renovaba por otro año con opción a un segundo, cerrando de golpe los comentarios y esperanzas que se venían sucediendo en el entorno azulgrana acerca del futuro entrenador del Barça. Bartomeu ha encontrado su entrenador ideal: discreto, que transige como buen hombre de club, buen entrenador no se puede negar, y según nos filtran muy considerado por los pesos pesados del equipo. Pero también cortoplacista, conservador y falto de audacia. Para mi, los tres defectos opacan el resto de sus virtudes a día de hoy. Fue un grandísimo gestor de la escasez del Barça del año pasado tras la marcha de Neymar, pero no le veo capaz de dar el salto una vez recuperado el pulso y ya dado de alta.


El primer partido tras su renovación, visitaba el Camp Nou el Valladolid de Sergio González en quizás el peor momento de su temporada. Con las curvas que se aproximan (Lyon, Sevilla y Madrid por partida doble), Valverde optó por reservar a algunos de los titulares más cargados de minutos como Lenglet, Rakitic y Luis Suárez. Vermaalen, Aleñá y Boateng ocupaban sus lugares. De las pocas noticias buenas del partido es la cada vez más obvia adaptación de Aleñá al equipo. Tanto como para que se quede ya en el once sine die. Y también, el buen tono fisico de Dembélé tras volver de lesión, a falta de ajustar su último regate de nuevo.

La primera parte fue muy insulsa, con poco que destacar. Hasta que la BP, a la salida de un corner, perdió un balón impropio en un pase horizontal que devino en un contraataque en superioridad pucelana muy mal resuelta, y que de vuelta, Ter Stegen muy vivo devolvió el golpe, y Piqué, que no había podido volver, se encontró en la frontal para disparar en franquía, y fue agarrado por detrás. Penalti señalado y certificado por el VAR, que Messi trasformó magníficamente pese a que Masip, que le conoce bien, le había adivinado el lado. Al descanso, 1-0, y poco más.

Ya en la segunda, el Valladolid empezó a diluirse defensivamente, y Masip empezó un recital enorme en su portería, manteniendo a su equipo en el partido ante unos desacertados Boateng, Suárez que le sustituyó, y Messi, al que incluso le paró un segundo penalti, mucho menos ajustado que el primero, y por lo tanto parable en caso de ser adivinado, como fue el caso. El Valladolid ni siquiera hizo mancharse los guantes a Ter Stegen, y se llegó al final del partido con un pírrico y discreto, pero corto en función de las ocasiones 1-0.

Al final, la campanada del Girona en el Bernabéu el domingo a la hora de misa convirtió el discretísimo partido en una jornada extraordinariamente provechosa que encarrila casi definitivamente la Liga para los intereses azulgranas, justo en el momento en que vuelve la Champions, y tendremos la oportunidad de comprobar si el equipo es capaz de volverse a enchufar como ha hecho en los partidos exigentes durante toda la temporada, también hay que decirlo.

Y pese a fallar un penalti, la BP sigue alimentando el Bestiapardómetro para los amigos del #FutbolEnTeletexto.


miércoles, 13 de febrero de 2019

Liga 2018-19. Jornada 23. Athletic-Barça. Empate y gracias a Ter Stegen ante un bullicioso Ahtletic

El partido de la pasada jornada es de esos que me pilla jugando. Sí, a mi edad, todavía jugando. Porque más allá de un compromiso familiar ineludible como ante el Valencia, lo que realmente me hace perderme los partidos del Barça es que me coincidan en horario con los de mi equipo, el Sallema. Esta vez, el partido acababa justo a la hora de comienzo en San Mamés, así que apenas me perdí el primer cuarto de hora, y entre cervezas y comentarios sobre el partido recién terminado (en derrota desgraciadamente), llegamos al descanso viéndolo en el bar. De ahí a casa, para perdernos lo mínimo de la segunda parte, que fue, precisamente lo mejor del Barça en todo el partido. Así, que fue un partido visto a retazos.


Tras los dos empates en el Camp Nou ante Valencia en Liga y Real Madrid en Copa, el Barça visitaba el nuevo San Mamés (qué campo más bonito, por cierto) sabiendo ya que su nuevo perseguidor eran los merengues, que habían dado buena cuenta del Atleti en el Metropolitano en un derby más lleno de polémica que de fútbol. Valverde volvía al estadio que tantos años le acogió, tanto en el césped como en el banquillo, y dispuso una alineación incluyendo ya a un todavía algo reservado Messi.

La alineación estaba marcada por dos ausencias. La primera, la del arma más devastadora que tiene el Barcelona para atacar el espacio, Jordi Alba y su A-18. La acumulación de tarjetas obligaron a situar a Semedo a pierna cambiada, pese a haberse llevado a Miranda, al que dejó en la grada en una incomprensible decisión. Semedo estuvo más que correcto, pero nunca pudo replicar ni parcialmente la amenaza que supone la motocicleta de L´Hospitalet. La segunda, por lesión y por un tiempo mayor, la de Arthur, que dejaba huérfano el mediocampo de centrocampistas de toque y asociación. Rakitic y Vidal copaban los interiores para dolor de ojos de los líricos como yo.

El Athletic empezó el partido con mucha intensidad y presión, como no podía ser de otra manera, encomendándose a los valores propios que se pueden esperar de un equipo del Athletic: fuerza, garra y velocidad. Durante buen rato se hicieron acreedores de un gol que les pusiera en ventaja, pero nuestro alemán con guantes no estaba dispuesto a permitir ultraje alguno a su marco. Nos dejó una parada para la posteridad por su belleza en un vuelo a mano cambiada con el cuerpo extremadamente arqueado para palmear a córner un gran disparo de Susaeta. Y también negó a Raúl García una semichilena desde dentro del área. El Barcelona apenas despertó al final con un par de arreones de Messi, con balón al larguero incluido en globo, y un par de pases de la casa. Poco, muy poco.

Sin embargo, el arranque de la segunda parte fue diferente. El Barcelona comenzó a controlar el balón de manera asidua en el último tercio del campo, pese a la falta de finura de sus interiores, especialmente un Vidal muy desacertado en la ejecución. Su cambio por Aleñá hacía presagiar todavía un mayor dominio territorial azulgrana, pero en ese momento Gaizka Garitano decidió hacer entrar al jugador que cambiaría el resto del partido, Iker Muniaín. El pequeño mediapunta dio la pausa necesaria al equipo con el balón y a la vez la aceleración precisa para volver a poner en aprietos al infranqueable Ter Stegen, que se sacó una parada todavía más salvaje que la de la primera parte, sacando un brazo fuerte imposible en mano a mano con Iñaki Williams. Pese a la entrada de Dembélé en el campo, ya recuperado de su lesión, el Barcelona no mostró en ningún momento peligro suficiente como para pensar en llevarse el partido.

Al final, el empate no puede considerarse un mal resultado, y más viendo el desarrollo del partido, pero deja un poso de preocupación, sobre todo referente al verdadero desgaste que un año más haya podido dejar la Copa en una plantilla, con media docena de jugadores clave por encima de la treintena. Esperemos acontecimientos, y aprovechemos esta semana completa de descanso competitivo hasta la llegada el sábado al Camp Nou de un Valladolid en quizás el momento más delicado de toda la temporada.

viernes, 8 de febrero de 2019

Copa del Rey 2018-19. Barça-Madrid. Empate que deja satisfechos a todos

Cada vez que hay un Barça-Madrid o Madrid-Barça al que no puedo ir al campo, ya sea Copa, Liga o Champions, paso siempre por los mismos escenarios. Es mi día de la marmota particular. Soy una repetición compulsiva de aquel magnífico anuncio que hizo para el Mundial de Sudáfrica Mahou, por otro lado la cerveza que me lleva acompañando toda la vida, desde que jugaba a las chapas con las que me daban en el bar de debajo de casa de mi abuelo en Ponzano, hasta mis quedadas actuales, ya diurnas en horario infantil, de cañas con los amigos. Me van surgiendo diferentes planes para ver el partido. Esta vez #MisVikingos se iban a juntar y podía ser una buena ocasión para rodearme con el enemigo. Pero al final, siempre acabo llamando a mi padre, el primigenio Culé de Chamberí, para verlo juntos. Esta ida de semis de Copa la vimos en mi casa para que pudiera aprovechar el pre-partido y ejercer un rato de yayo con sus nietas.


Y así, con la niñas cenando, empezó el partido en el Camp Nou. Valverde, inesperada pero acertadamente para mí, dejó a la Bestia Parda en el banquillo, y a cambio, puso en el campo al casi inédito Malcom, que sorprendentemente se convirtió en uno de los hombres del partido, formando junto a Semedo, otro de los destacados, la banda que monopolizó la atención, en ambas direcciones durante buena parte del partido. Solari, por su parte, que había estado filtrando la posibilidad de hacer jugar a Marcos Llorente para neutralizar a Messi, decidió que entraría en el partido intentando mandar. Y el Barça, no sé si por convicción o incapacidad de evitarlo, se lo permitió. El resultado, 0-1 antes de los diez minutos, y el objetivo que el segundo de Valverde, Aspiazu, había comentado de marcar sin recibir, al garete.

Siempre se suele decir que Barça y Madrid son vasos comunicantes, que cuando uno sube el otro baja, y este partido fue un paradigma de este tópico. Comenzó el Madrid muy fuerte, tanto en dominio de juego como en el marcador, pero cada cuarto de hora de la primera parte, el juego azulgrana se iba imponiendo, y la amenaza madridista asentada en el juvenil entusiasmo de un buen Vinicius que pecó de inocente en alguna acción clara pero hizo un buen partido a mi modo de ver, y sobre todo en un Benzema, que posiblemente se encuentre en el mejor momento de su carrera, iba reduciéndose a salidas cada vez más esporádicas, pero indudablemente peligrosas. También ayudó a la mejora azulgrana y a la consolidación de su dominio, la docena de balones que durante la primera parte, fueron, no ya rifados, sino directamente devueltos a dominio azulgrana por un Keylor Navas, que es un portero de otro tiempo. En cualquier caso, esa mejora azugrana no se vio reflejada en el marcador, y llegamos al descanso con ventaja visitante.

La segunda parte acrecentó el dominio culé, inclinando el campo ya sin dejar salir en el primer cuarto de hora al Madrid prácticamente de su campo. Y en una jugada, también con sucesión de errores de la zaga madridista, Malcom, tras disparar al poste Suárez un rechace de Keylor a incursión de Alba, marcaba el empate, poniendo la guinda a su actuación, también de menos a mas como el equipo, aunque indudablemente ayudada por la lamentable puesta en escena de un Marcelo en las antípodas de lo comentado sobre Benzema. Tras el empate, entró Messi, y el Madrid dio un par de pasos atrás más. Sin embargo, me pareció que tras disparar una falta desde la frontal, algo debió notar el rosarino, porque jugó el resto del encuentro con el freno de mano echado. Esto ayudó en el último cuarto de hora al Madrid a volver a igualar la contienda, e incluso a tener una clarísima ocasión desperdiciada por un Bale que no parece haber conseguido heredar la poltrona que dejó huérfana Cristiano con su fuga a Turín.

Los últimos compases fueron muy tranquilos pese a lo apretado del marcador, quedando claro que todos quedaban satisfechos con dirimir la contienda en el Bernabéu en unas semanas. Los locales en la esperanza de recuperar a un Messi al 100% y a un Dembélé, que visto lo visto con Marcelo, podría haberle hecho trizas de haber podido participar en este encuentro. Y los visitantes, tras el correctivo recibido en la Liga, creen ver certificada su mejora con Solari, además de jugársela, con unas semanas más de afianzamiento del proyecto, ante su afición, aunque sea en el Jardín de Messi.