jueves, 18 de enero de 2018

Copa del Rey. Cuartos de Final (Ida). Espanyol-Barça. Toque de atención y pérdida de imbatibilidad

Van ya avanzando las rondas de Copa, y va creciendo el interés y la emoción. El Barça defiende un título que ha conquistado en las últimas 3 ediciones, y del que es el más laureado de entre los participantes en la historia. Ante él, el rival ciudadano, el especialmente aguerrido cuando se trata de enfrentar al Barça, Real Club Deportivo Espanyol.

El Espanyol hacía 9 años que no había ganado al Barça, quizás el objetivo de todas las temporadas, más allá de una permanencia que ya hace años que tiene bastante asegurada, con plantillas de aspiración europea, aunque pocas veces su clasificación final ha estado acorde con los objetivos del club a comienzo de temporada. Además, todavía estaba por estrenar victoria desde que abandonó el Estadio Olímpico de Montjuic para hospedarse en el moderno y funcional Estadio de Cornella-El Prat, de sucesivos nombres publicitarios que ni siquiera soy capaz de enumerar.

El Barça, a su vez, se toma esta Copa como una oportunidad para los menos habituales, si bien va barnizando las alineaciones con habituales para no desnaturalizar en demasía le esencia del equipo. Ayer, de hecho, partió con prácticamente 6 habituales del once liguero reciente, con el copero Cillessen bajo palos, Digne en el lateral izquierdo y oportunidades para Aleix y Denis, jugadores que parecen en diferentes circunstancias dentro del grupo, ya que el primero parece cerca de salir, y el segundo todavía parece con arrestos para pelear por minutos en la plantilla. Por último, la gran perla de la cantera, mi protegido Carles Aleñá, completaba el mediocampo, jugando en el perfil natural, al contrario de lo que suele ocurrir en el filial, donde juega en derecha, lo que le acerca a un mayor aprovechamiento de su gran disparo.

La primera parte fue bastante anodina, con un Barça controlando la situación, aunque no sacando jugo a su superioridad manifiesta por una imprecisión en los últimos metros, extrañamente liderada por un Messi, que cuajó uno de los partidos más grises que se le recuerdan. Mientras tanto, el Espanyol, apenas superaba el mediocampo, y se limitaba a defenderse a base de acumular hombres en dos líneas delante de la frontal del área, lo que no impedía que el Barcelona se presentara en la misma con opciones de tiro con mucha asiduidad.

Tras el descanso, llegó el momento clave del partido. Granero, sobremotivado como la gran mayoría de sus compañeros cometió un tan claro como innecesario penalti sobre Sergi Roberto, clavándole los tacos desde la tibia hasta el tobillo en una entrada destemplada que bien pudo acabar peor para el jugador de Reus. Messi, lanzó abajo a la izquierda de Diego López, pero el cancerbero gallego, en una extraordinaria estirada nos volvió a recordar que quizás la versión más mundana del rosarino es la de lanzador de penas máximas.

La grada de Cornellá explotó en alegría, quizás la más grande desde la inauguración del estadio, y el equipo blanquiazul se contagió, viéndose investido de matagigantes, sin más activo que una fe bastante irracional en sus posibilidades, pues hasta entonces, si bien el Barcelona no estaba jugando bien, los periquitos no habían dado ninguna muestra de poder hacer daño a su rival. Así, a base de empuje, fue acercándose a Cillessen, quien se vio obligado a hacer un par de buenas intervenciones, tampoco nada del otro mundo, pero mucho más que lo vivido hasta el penalti. Y así, con el Barça cada vez controlando menos la situación se llegó a una muy buena jugada, facilitada por los siempre extraordinarios movimientos de Gerard Moreno, quien abrió un socavón en el lateral izquierdo azulgrana, para que Marc Navarro lo aprovechara, y centrara atrás a la llegada de Melendo, un canterano que lleva desde los 6 años en el Espanyol, que se estrenó como goleador rematando con el interior de primeras haciendo imposible la respuesta de Cillessen.

En mi opinión, derrota merecida del Barcelona por el insulso e impreciso ejercicio realizado en Cornellá. Un serio toque de atención, que tiene solución, por suerte, si el jueves de la semana que viene en el Camp Nou dan la vuelta a la eliminatoria, y pueden seguir defendiendo el título que ganaron en junio al Alavés, quien también anda con posibilidades de repetir final.

La verdad, es que dentro de la derrota, y del poco (o nulo) aprecio que uno le tiene al Espanyol, me consuela saber que al menos un buen tipo como Jorge (Codi) estará contento por Barcelona. Un tío, que en apenas unos meses en nuestro equipo de toda la vida supo ganarse a todos con su buen talante, simpatía y también con su fútbol de alta escuela, sin importarle ser el "juvenil" más veterano del equipo, y siempre siendo importante en el buen ambiente que en todo equipo de amigos se quiere crear. Una pena, que se haya tenido que volver a Barcelona, pero sabe que en el Sallema, siempre tendrá un sitio, aunque sea en el banquillo, jejeje. ¡Felicidades, Codi!

lunes, 15 de enero de 2018

Jornada 19. Real Sociedad - Barça. Valverde también puede con la maldición de Anoeta

El Barça se presentaba en la última jornada de la primera vuelta, ya como holgado Campéon de Invierno (título honorífico cuyo término este año parece haber caído en desuso), y tras la derrota del comienzo de la tarde del Manchester City, ya como el único equipo de las grandes ligas europeas invicto. Ante ellos, la, estadísticamente en la última década, visita más difícil del Campeonato: Anoeta, donde año tras año, el mejor Barça de la Historia había sido incapaz de ganar, ya sea con Guardiola, Tito o Luis Enrique de entrenador, si bien éste último sí que lo consiguió en su competición fetiche, la Copa del Rey.

Valverde, como en él es habitual, había diseñado una alineación y disposición táctica intervencionista, con todo el músculo y la envergadura disponible en el medio campo, y con André Gomes y el paradójico Paulinho, anclados en bandas para por superioridad física conseguir salida de balón en largo si la presión txuriurdín era agobiante como se presumía. Así, salió el equipo en unos muy prometedores primeros diez minutos, donde Messi era encontrado con facilidad, los laterales progresaban y Luis Suárez daba muestras de su recobrada forma. Sin embargo, como habitualmente ha venido pasando en estos años, el primer disparo de la Real Sociedad los puso en ventaja, tras un buen centro de Xabi Prieto, sensacionalmente rematado a la escuadra tras bote en el resbaladizo césped por William José, quien entregó una excepcional actuación en los primeros 45 minutos, como muchos compañeros realistas. 

Por primera vez en mucho tiempo (quizás desde la vuelta de la Supercopa en el Bernabé), la intervención de Valverde fue contraproducente. Y es que a partir de ese gol, el partido tomó un claro color blanquiazul, el Barcelona notó el golpe y sin verse desbordado como ocurrió la temporada pasada, sí que sufrió mucho durante el resto del primer tiempo. Los dos contra uno del magistral Xabi Prieto y el prometedor Odriozola contra Jordi Alba, abandonado a su suerte por André Gomes, eran un filtro constante de llegadas. Por el otro lado, el inteligentísimo William José, caía para hacer patente su superioridad física frente a un sufrido Sergi Roberto, aguantando balones y cambiando constantemente el juego al lado fuerte de la Real, para a continuación cargar el área como en el primer gol. Zurutuza (uno de los mejores jugadores desconocidos de la Liga), Illarra (mostrando de nuevo su nivel selección), un remembrante de tiempos lejanos Canales y el punzante Juanmi, completaban el catálogo de dolores de cabeza de Valverde, que veía como el equipo era incapaz de conectar con Messi y, además, recibía un segundo gol que ponía muy caro mantener la imbatibilidad sobre las 21.15.

En ese momento, quizás en el único momento de lucidez del ataque azulgrana, un buen desmarque de Suárez y una llegada de Paulinho en su lugar de productividad distinta de cero, el área, acortó distancias, dejando lleno de dudas el camino a los vestuarios del equipo donostiarra. Si a eso, le sumas un Valverde que no estaba dispuesto a perder el duelo de pizarras, el comienzo de la segunda parte pareció desde el primer minuto otro partido. Busquets descendió para jugar entre los centrales, desatascando la salida desde abajo, los interiores se cerraron, los laterales volvieron a llegar arriba y el equipo empezó a encontrar a Messi, quien en una galopada conduciendo, habilitó a Luis Suárez para que éste, de manera tan sútil como genial, elevara de rosca por encima de Rulli para empatar el partido.

Además, la línea de centrocampistas en fase defensiva se colocó en línea de cuatro, reduciendo la presión, pero junto con el empuje de los defensas, en especial Vermaalen, que dominando por arriba y en constante anticipación, cerraba el espacio a espaldas de los mediocampistas, produciendo un atasco en el ataque realista que notó en demasía la lesión de Zurutuza.

El partido se inclinaba de manera clara del lado azulgrana. Si bien, el juego no era brillante, y menos todavía para los nostálgicos como yo, hay que reconocer que la sensación de poderío que ofrece el Barcelona en los segundos tiempos es algo digno de mención. Defensivamente, inexpuganbles, no necesitó más intervención de Ter Stegen, y las llegadas al área iban goteando. Y la entrada de Dembélé, todavía por integrar en el engranaje dio aire a la banda derecha, y llegaron el tercer y el cuarto tanto, con la misma sensación de facilidad como de inevitabilidad, para cerrar un partido que se puso muy cuesta arriba, y que cierra una primera vuelta, de sobresaliente cum laude de Valverde y sus chicos.

Además fue un triunfo contundente sin un Messi excesivamente influyente, más allá del gol de falta, cuyo golpeo nadie puede cansarse de ver repetido por la altura que coge el balón y la velocidad a la que baja el balón para alojarse en la escuadra. Quien sí que estuvo influyente, además del ya mentado Vermaalen, quien ejerce incluso de líder de la defensa por encima de Piqué, fue Sergi Roberto, cuyo mérito se engrandece al tenerse que sobreponer a la exposición a la que se vio sometido en el primer tiempo por las caídas a su posición de William Jose. El de Reus, con sus ya tradicionales conducciones, es un arma diferente en el ataque, que sumar a su llegada a línea de fondo y su calidad a la hora de poner el balón en franquía para sus compañeros desde allí, levantando siempre la cabeza antes de tomar una decisión que suele coincidir con la más conveniente en cada una de sus jugadas en profundidad.

Valverde sigue sumando méritos, y se queda solo en el olimpo de los invictos tras la derrota de Pep Guardiola ante Jurjen Klopp y su Liverpool, que no echó en falta al recientemente traspasado Coutinho.

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viernes, 12 de enero de 2018

1/8 Copa del rey Vuelta. Barça-Celta. Catarata de buenas noticias y lo de Messi...

Menos mal, que uno, que ya no es un niño precisamente, ha metido la pata tantas veces que, a base de sangre ha conseguido mínimamente aprender a no exponerse demasiado. Anoche, corría el minuto 11 de partido, y Messi, extrañamente, había perdido un par o tres de ocasiones de quedarse solo ante el portero en balones en profundidad que le llegaban en óptimas condiciones. Como estamos en enero, y Messi, además de las obligaciones propias de la temporada futbolística con el Barça, estoy seguro que tiene entre ceja y ceja la cita mundialista de Rusia, tuiteé: "Messi está en modo enero, con Mundial por delante. Lento", y aforutunadamente apostillé: "Sabéis que me dejará mal;-)".


Y menos mal, que lo hice, porque al minuto siguiente, la Bestia Parda ya había abierto el marcador con un gran remate tras la tradicional con pase atrás de Alba. Y no solo eso, cuando no había acabado de recibr respuestas jocosas a mi tuit, al siguiente minuto, el angelito, volvió a repetir la jugada, esta vez con pared anterior incluída con el lateral de Hospitalet, para poner el 2-0, y prácticamente liquidar el partido y la eliminatoria. No contento con haberme cerrado la boca, los siguientes 20 minutos de Messi fueron una exhibición memorable hasta para él, sin gastar un gramo de más de energía, andando o a lo sumo al trote, fue devastando a su paso contrarios, sin importarle el número o altura en la que se encontrara para acabar dejando uno de los mejores pases de su carrera (sí!!, de su carrera) recibiendo casi en parado y con 9 defensas y el portero entre él y la portería, batir 3 líneas a la llegada centelleante de Jordi Alba para devolverle la gentileza de los dos primeros goles, y en el súmum dejar que entre el efecto y la velocidad de Alba, vencer también al portero para que el lateral a puerta vacía sellara el tercer gol.

Y una reflexión, que acongojará más a los rivales de Messi, toda esa exhibición, remarcable incluso para él, la podría haber hecho en 2038, con 50 años, pues no necesitó esprintar en ninguna de las barbaridades que perpetró. Conocimiento del juego, dominio del espacio-tiempo y una técnica de golpeo superlativa fueron las atemporales armas que empleó. Antes de la hora, se marchó para proceder a media horita de rotación académica (sentado en el banquillo) tras haber jugado casi esa hora entera en rotación activa.

El partido, extraterrestres apartes, fue una delicia desde el punto de vista azulgrana. Jugado constantemente en campo contrario y con abrumador dominio de una posesión, escenificada en dos velocidades, una primera hipnótica pero en ningún caso lenta, dando amplitud al campo y siempre a las puertas de último tercio de campo, para acelerarla de manera centelleante según disponían Iniesta y Messi para convertir esa posesión en oportunidad de gol. Además, la posesión también favorecía una impecable colocación del equipo, lo que facilitaba la rápida presión ante cada pérdida, que evitaba siquiera tener que volver a campo propio en la gran mayoría de las veces. Sí, además, la defensa del Celta regala a un muy afilado Luis Suárez en este comienzo de 2018, un balón dentro del área, la goleada estaba servida, como así fue.

Entre los humanos, quiero destacar precisamente al que suele estar fuera de los elogios, pero que este año, no ha estado ni un solo día por debajo del notable alto: Sergio Busquets. El de Badía ofreció un clinic de tocar de primeras con todas las superficie de los dos pies para dar continuidad al juego, incluso acelerando él la jugada encontrando en vertical a Suárez y Messi. Una delicia.

Ya en la segunda parte, el anecdótico quinto gol de Rakitic, muy a gusto en su labor de punta del rombo en defensa para la presión, en un saque de esquina rematando solo (parece que Unzué se dejó en Barcelona la libreta del balón parado que tanto se destacaba en su periplo en el Camp Nou), y aparte toda una catarata de buenas noticias, que empezando de detrás a adelante, tenemos la nueva portería a cero, esta vez de Cillessen, nada exigido, pero que dejó un pase de 70 metros como muestra de su espectacular golpeo; la capacidad de corrección de Semedo, que puede ser muy importante ante rivales más dañinos y rápidos; la nueva impoluta actuación de Vermaalen, quien sigue sin fallar un pase; la magistral dosificación de la genialidad que está encontrando Iniesta esta temporada; y los primeros detalles de lo que puede ser Dembélé, quien gozó de las primeras ovaciones en el Camp Nou en un par de detalles de velocidad y regate del joven francés, quien la situación actual del equipo parece poder facilitar una adaptación que se antojaba complicada tras su lesión y la inversión realizada.

Y ahora, en la vuelta de la esquina la visita a Anoeta, el campo maldito del barcelonismo, y un Espanyol en Copa, que deseará tomarse todas esas revanchas que lleva acumulando desde quizás el durísimo empate de 2010 e Liga en Cornellá, antes del fatídico viaje a Milán cuando todos los elementos se pusieron en contra (volcán islandés incluido) para evitar la reválida del título europeo del equipo de Pep Guardiola en casa del eterno rival.

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