jueves, 19 de octubre de 2017

UCL. Jornada 3. Barça-Olympiakos. Victoria más que plácida pese a las circunstancias.

Tras el muy meritorio empate en el Metropolitano, se asomaba el Barça a la tercera jornada de la Champions, como líder de grupo y con pleno de victorias tras las dos primeras jornadas ante Juventus y Sporting de Portugal. Recibía al, en principio, rival más débil del grupo, el Olympiakos, que venía además en una crisis de resultados en el campeonato griego que suele dominar claramente, agazapado en una modesta quinta plaza que ya ha puesto en el disparadero a su técnico, Takis Lemonis. El Camp Nou, en una muy desapacible tarde-noche de lluvia, apenas registró media entrada, algo extraño en noches de Champions.


Valverde dio la titularidad a los 3 jugadores que cambiaron el signo del partido el pasado fin de semana ante el Atlético, renovando totalmente el carril derecho del equipo: Sergi Roberto por Semedo, Paulinho por Rakitic y Deulofeu por André Gomes. Además, Digne se asomaba al lateral izquierdo ante las molestias de Jordi Alba, lo que pese al más que decente partido del francés, redujo el peso de la banda izquierda en el reparto del juego ofensivo azulgrana, potenciando al carril derecho y sus nuevos inquilinos.

La falta de presión y la inoperancia ofensiva del Olympiakos radicalizó un escenario parecido al de los últimos minutos del Metropolitano, con el Barça buscando el gol sin recibir apenas sobresaltos, más allá de una tarjeta amarilla, a la postre relevante, de un Piqué que sigue lejos de su mejor versión. Sergi Roberto seguía asomándose al pico derecho del área, haciendo ganar mucha altura al juego por su banda, Deulofeu esperaba abierto, y recibiendo en banda para encarar el uno contra uno, bien de su lateral, de Messi o de los cambios de orientación de un otra vez inspirado Iniesta. Y Paulinho era feliz percutiendo en la frontal del área constantemente, lo que a su vez liberaba espacio a Messi en tres cuartos, sin necesidad de retrasarse demasiado dada la inclinación del campo hacia la meta del meta Proto que enseguido vio cómo se le acumulaba el trabajo.

Era cuestión de tiempo que llegara el gol, y éste se produjo en una buena jugada combinativa en la frontal, que terminó con un cambio de juego de Iniesta hacia Deulofeu que ganando la espalda de su marcador, ponía de primeras un balón que era introducido una vez más (y ya van 5) en propia puerta por un defensa griego, Nikulau. El partido era absolutamente unidireccional, y se mascaba una goleada, pues Suárez, Messi y Deulofeu, hacían lucirse al portero griego y Paulinho se encontraba con la madera en un cabezazo en otra de sus llegadas de segunda línea.

Sin embargo, todo pudo torcerse por obra y gracia de Gerard Piqué, que ya habiendo sido amonestado en una jugada donde el único delantero le pilló en paños menores con un movimiento básico de "me acerco a la base y salgo en ruptura", decidió intentar su gol, como tantas otras veces en las postrimerias de partidos decididos. Pero esta vez era con 1-0 y antes del descanso. Una falta rápidamente sacada, y que Piqué aprovechó para salir disparado hacia el área para, tras rechace del portero a tiro del muy incisivo Deulofeu, el mejor del Barça hasta entonces, acabar metiendo entre la mano y el cuerpo el balón en la portería, si bien de manera quizás instintiva, desde luego inapelable. Resultado: gol anulado, segunda amarilla, expulsión y Gerard Deulofeu cambiado por Mascherano al inicio de la segunda parte. Una pena porque el de Riudarenes estaba ante una oportunidad magnífica para recuperar de golpe toda la confianza perdida con la falta de titularidades del último mes.

La segunda parte podía haberse complicado en caso de que el Olympiakos hubiera sido un equipo mínimamente competitivo, pero lejos de eso, Messi se puso a los mandos, y en dos jugadas acabó con cualquier posibilidad de sorpresa. Primero una falta magistralmente lanzada por encima de la barrera cuando parecía no haber espacio para hacerla bajar, y posteriormente tras sentar a un defensa, ganar línea de fondo y asistir atrás para el buen disparo cruzado de Digne. De ahí al final, algunos cambios, y el inmerecido gol del honor a la salida de un corner del equipo griego en un gran cabezazo del desafortunado Nikulau, que así se pudo resarcir de su gol en propia meta con un remate a la escuadra de un inédito Ter Stegen.

Clasificación más que encauzada y posibilidad de conseguirla directamente en la siguiente jornada en Atenas. Plácida victoria en un partido sin demasiada historia competitiva, pero que sigue construyendo en la confianza de la victoria el proyecto de Ernesto Valverde, que ayer cumplía 100 días como técnico azulgrana, cumplidos con una más que buena nota desde mi punto de vista.

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miércoles, 18 de octubre de 2017

Jornada 8. Atlético-Barça. Paso adelante en un gran partido

Segunda visita del Barça a Madrid, y segunda vez que me pilla fuera. Si la de Getafe, andaba yo por Córdoba, esta vez, la visita al nuevo Metropolitano me cogió de festejos por los Pilares en tierras mañas, acogida toda la prole del Culé de Chamberí por la familia política, sector maño, y en concreto en la localidad de Cuarte de Huerva, la paridera de Aragón, una población a apenas 5 kilómetros de Zaragoza, llena de parejas jóvenes, y por lo tanto atestada de niños, entre ellos tres de mis sobrinos. Tras una intensa jornada en el Parque de Atracciones local, para goce de mis princesas, llegada la hora del partido, ya estaba servidor, cerveza local en mano (Ambar), sentado en un bar para poder disfrutar de este Atletico-Barça, la primera gran prueba para el Barcelona en Liga esta temporada.


Tras la lesión de Dembelé, el Barcelona de hoy en día, parece tener un 10 titular en vez de un once, ya que la posición que, en principio, parecía destinada para el joven fichaje francés, ha quedado abierta. Y con un buen número de opositores a la plaza: Deulofeu, Aleix Vidal, Denis Suárez, Sergi Roberto o André Gomes, el sorprendentemente elegido en esta ocasión. André, había gozado apenas de un par de ratos anteriormente, y se asomaba al nuevo y flamante Metropolitano para encarar el probablemente partido más complicado de lo que llevamos de temporada.

El comienzo de partido fue un aviso de Messi a los 30 segundos, que casi pone en franquía el partido, y unos primeros minutos bien controlados por el Barcelona ante el repliegue local. Sin embargo, en un par de minutos, y tras unas pérdidas en salida de balón de los azulgrana, el Atlético salió con todo su peligro e intención, asomándose en dos ocasiones al marco de Ter Stegen. Una vez más, el alemán respondió con nota a los envites, ambos de Griezzmann, una vez con la mano y otra con el pie izquierdos ambos. Enseguida el Barcelona volvió a controlar la situación, pero en la primera jugada mínimamente trenzada del equipo de Simeone, una descoordinación en la marca de Busquets, imperial por otra parte en el resto del partido, y una tardía salida de Piqué, éste sí en baja forma alarmante, dejaron armar el disparo con su supuesta pierna mala a Saul. Y el canterano atlético la depositó junto a la base del poste izquierdo, inalcanzable para Ter Stegen. El Atlético se encontraba con el escenario perfecto, igual a las dos últimas eliminaciones de Champions, 1-0 en casa, repliegue y a intentar matar en una contra.

De ahí al final de la primera parte, volvió el equipo azulgrana a llevar la iniciativa en el juego, ya sin más sobresaltos atrás de ahí al final del partido. Pero pese a que la circulación no era lenta, aunque tampoco centelleante, faltaba un punto de desborde, y solo algún pase incisivo vertical de Iniesta y las intervenciones de Messi, agitaban mínimamente los corazones atléticos, seguros en su estructura defensiva de ayudas constantes, y todavía a falta de estrenar estrenar los guantes de la última alternativa en la defensa del marcador, su extraordinario portero, Oblak, inédito en toda la primera parte, salvo en un tímido disparo de Iniesta.

Se llegó al descanso con el 1-0, y el diagnóstico del lado azulgrana era sencillo: faltaba profundidad y, sobre todo, desborde. No se había jugado mal en mi modesta opinión, sino más bien todo lo contrario, pero para pasar el examen que se presentaba en la noche madrileña no era suficiente lo plasmado en el primer tiempo, y más atendiendo al marcador adverso. La salida en la segunda parte fue algo más briosa y agresiva por parte azulgrana, pero se presumía ineficaz, a falta de una aparición definitiva de Messi, única intranquilidad para el Atlético. Y Valverde, una vez más, buscó y encontró soluciones en el banquillo con la entrada de un incisivo Deulofeu y del siempre notable Sergi Roberto.

Los dos canteranos desde el primer momento se apoderaron del carril derecho azulgrana, dando profundidad y desborde, justo lo que hacía falta para cambiar el rumbo negativo del partido. También el cansancio atlético colaboró en el cambio, pues empezaban a verse algunos resquicios en el hasta entonces impecable sistema de ayudas, lo que desembocó en las primeras ocasiones claras por parte de Suárez y Messi, incluida una falta al poste magistralmente lanzada por este último.

El juego se inclinaba cada vez más del lado azulgrana, con continuas llegadas a la frontal del área atlética, y poco a poco se iban filtrando ocasiones para el Barcelona, sin que en el otro lado del campo, Ter Stegen vislumbrara peligro ninguno para su marco. Entró también Paulinho, agitador nato de frontales ajenas y dolor de cabeza para centrales contrarios, como se vio en el gol del empate, haciendo dudar a Savic en el preciso pase de Sergi Roberto, y dejando de esta manera solo a Luis Suárez para que picara de manera magnífica el balón a las redes atléticas para el empate.

De ahí al final, el Barça, ambicioso, buscó los tres puntos ante un atlético que daba por bueno el empate. En el descuento, una falta a Messi en la frontal dio la oportunidad al Barça de ganar el partido, pero un muy seguro Oblak volvió a negar el gol del rosarino, y puso el sello a un empate en un muy buen partido, donde el Barcelona por el rival, el escenario y el desarrollo del partido, sacó un muy buen empate y dio un paso adelante muy cualitativo en la construcción del equipo que quiere Valverde.

En lo individual, Umtiti, imperial, volvió a cuajar un inmenso partido, tapando una noche más el mal momento de forma de Piqué, que esperemos pronto recupere el punto necesario para optar a los títulos. Sergi Roberto, esta vez de lateral, volvió a cuajar, asistencia al margen, unos muy buenos minutos, al igual que Deulofeu, valiente esta vez en encarar rivales para buscar las ventajas que el equipo necesitaba. Busquets sigue confirmando lo bien que le ha sentado la llegada de Valverde y lideró la presión azulgrana, por momentos tan agresiva como exitosa, en el último tercio de campo. Luis Suárez mejoró en la precisión de sus intervenciones, y por fin marcó un gol que valió puntos. Y por último, André Gomes, que desesperó durante todo el encuentro con sus intrascendentes aportaciones, pero recibió la confianza de Valverde al no ser cambiado y mejoró algo en los últimos minutos en el interior izquierdo, aunque todavía muy lejos de lo que se esperaba de su fichaje.

En definitiva, primera prueba de nivel superada con buena nota, especialmente en el juego. También en la aportación de soluciones desde el banquillo, circunstancia casi olvidada en los últimos años, donde la falta de recursos con los que cambiar el sino de un partido ha venido siendo quizás el gran punto débil del Barcelona, no sabemos bien si por falta de alternativas o por incapacidad desde el banquillo.

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jueves, 28 de septiembre de 2017

UCL. Jornada 2. Sporting Clube de Portugal - Barça. La flor de Valverde no puede ocultar el pésimo partido

Ayer se jugaba en Lisboa, en la segunda jornada de la liguilla de la Champions, un partido entre dos equipos especiales para mi. Uno, el de siempre, el primero y auténtico, el Barcelona, y otro el que fue mi equipo de acogida durante mis años de estancia en Portugal, cerca de Lisboa, en Cascais, y que gracias a un compañero de trabajo, el muy grande Rui Marcelino, tuve la oportunidad de conocer de arriba a abajo a comienzo de los años 2000: El Sporting Clube de Portugal, SCP.




Aquí se le seguirá llamando equivocadamente el Sporting de Lisboa, porque como he oído muchas veces: "es que siempre ha sido el Sporting de Lisboa". Con un par. A ellos, a los "adeptos" del Sporting, les molesta especialmente por una cuestión muy sencilla. Además de no aparecer Lisboa, sino Portugal, en su nombre; su archirrival ciudadano, el Benfica, sí que se llama Sport Lisboa e Benfica (SLB). Esto la verdad es que nunca lo he oído explicar en la radio y prensa deportiva, pero espero que al menos ayude para que nombremos al equipo por su nombre, y no como nos parece que por una cuestión de costumbre se justifica.

El partido, entre los dos equipos que habían ganado en la primera jorada del grupo. Los lisboetas en Atenas ante el Olimpiakos, y el Barça con gran actuación de Messi ante el subcampeón Juventus en el Camp Nou. La principal novedad fue la salida de la convocatoria de Deulofeu. Extraña por haber ya descansado en Girona, pero a la espera de futuros acontecimientos, y tras la felicitación del de Riudarenes al equipo, espero que no sea más que una anécdota.

Valverde, presentaba una nueva vuelta de hoja en los experimentos tácticos de este principio de temporada. Salió con Sergi Roberto, en principio en banda derecha de ataque, pero dibujó al final un 1-4-4-2 con un doble pivote con Rakitic, especialmente desacertado toda la noche, y Busquets, más perdido que un pulpo en un garaje en esta novedosa disposición del medio campo. La consecuencia, una primera parte muy plana, sin profundidad, y ausente de desborde. En el otro lado, el positivo, una tranquilidad bastante importante en defensa por el inocuo control del partido, aunque aún así, encontraron en un par de oportunidades el camino a la portería de Rui Patricio, con un más incisivo, pero todavía desacertado, Luis Suárez, y un Messi bastante gris.

El 0-0 del descanso, se rompió muy pronto al inicio de la segunda parte en una jugada a balón parado, muy bien lanzada por Messi, y que embarulladamente acabó dentro del arco sportinguista, en un nuevo gol en propia meta (segundo máximo goleador tras Messi del equipo, por cierto). Volvía la flor del Txingurri, y pudiera parecer que con los antecedentes de la primera mitad, el escenario era propicio para seguir ejerciendo un control del partido para poderlo cerrar en alguna ocasión que los impulsos del Sporting para intentar el empate, seguro ofrecerían.

Sin embargo, asistimos atónitos a una incapacidad absoluta para parar el partido en esta segunda parte, llena de imprecisiones por parte de todos los jugadores, pero que acercaron en demasiadas ocasiones al equipo lisboeta a la frontal del área de Ter Stegen, pero que por su falta de calidad arriba, no transformaron en peligro, salvo un remate dentro del área del hiperactivo Bruno Fernandes, que sacó muy bien el portero alemán. Se sucedieron los cambios y no se daba con la tecla para parar el partido, y pudimos ver incluso cabalgadas lideradas por Sergio Busquets, algo absolutamente inverosímil.

Creo que se puede calificar sin ningún genero de duda, que el experimento del 1-4-4-2 fue fallido, pese al resultado. Por primera vez se pudo ver claramente un doble pivote, que como siempre he venido sosteniendo, nos lleva a un juego absolutamente plano, inaceptable, aburrido y solo salvado por un gol en propia meta y a pelota parada.

En la parte positiva, la consolidación de la buena adaptación de Semedo, el único beneficiado por vaciar el extremo derecho, siempre muy atento en la corrección atrás y ayudando en la salida con mucha seguridad en el pase. Y también el excepcional partido y momento de forma de Samuel Umtiti, que está siendo capaz de diluir el horrible momento de Gerard Piqué, muy desubicado, lento y tomando decisiones impropias de su nivel en algunos momentos.

Esperemos que sea apenas un borrón en el progreso del equipo, que tampoco olvidemos lleva apenas un mes y medio de competición, y pleno de victorias desde la Supercopa de España. Lo veremos en los próximos partidos.

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