jueves, 22 de agosto de 2019

Liga 2019-20. Athletic-Barça. Media docena de sinsabores y una buena noticia.

Empezó por fin de nuevo la Liga tras un par de meses de rumores, fichajes, presentaciones, giras, amistosos, y demás parafernalia futbolera estival que tanto hastío me produce. Todo, además, aderezado con una agría vinagreta de aroma a fracaso como consecuencia del estropitoso final de temporada, que convirtió lo que en mayo era inmejorable en una sensación de vacío aboluto a comienzos de junio tras las derrotas de Anfield y el Villamarín, pareciendo tan lejana la consecución de la octava liga en once años.


Y el primer capítulo liguero nos llevaba a visitar un campo difícil como San Mamés. Campo históricamente hostil, tanto por el recibimiento como por el palmarés acumulado tanto en el antiguo como en el nuevo estadio rojiblanco. La lógica no convocatoria de la Bestia Parda, todavía recuperandose de las molestias en su sóleo ibicenco, cambiaba por completo el panorama, y era la primera de las decepciones que nos dejaría la jornada en el Botxo, además de dejar sin opciones de arranque al #Bestiapardometro de la nueva temporada.

La segunda contrariedad surgió al conocerse las alineaciones, y era la suplencia de Busquets. El de Badía es un indiscutible si queremos jugar al fútbol que entiendo gusta en las cercanías del barrio de Les Corts. Además, un jugador que crea estructura en si mismo, esa estructura que nos ha hecho ganar esas 8 Ligas de 11, desde su debut en el primer equipo y que tan orgullosamente el club plasmó en una camiseta que por cierto ya descansa en mi armario como regalo de cumpleaños. Se ha instalado preocupantemente en el ambiente una dicotomía Busquets o De Jong, cuando es sumamente evidente que el tipo de conjunción entre ambos nunca debe ser adversativa, sino indiscutiblemente copulativa, es decir, el tema es Busquets y De Jong, especificando además que el rubio holandés debe ser el interior de base, y más concretamente el interior de base izquierdo.

Una vez pitado el comienzo del encuentro, y en línea con lo expuesto en el final del anterior párrafo, llegó la tercera. De Jong era el mediocentro, cuando su ubicación en el interior ante la inicial presión bilbaina, acompañado de un mediocentro, que bien podía haber sido Sergi Roberto dada la alineación, habría supuesto una superioridad numérica en las primeras fases del juego, que bien podría haber desconectado la entusiasta presión del Athletic. No fue así, y además los dos interiores se dispusieron en alturas similares y demasiado alejadas de la base, teniendo el efecto contrario al deseable pues no se encontraron superioridades numéricas en la salida de balón y tampoco los centrales y laterales estuvieron especialmente acertados rompiendo líneas, ya fuera en conducción o pase.

Una vez reducida la inicial embestida local liderada por un efervescente Williams, el Barça parecía empezar a tomar altura con más facilidad y cadencia, e incluso empezaron a contemplarse llegadas a las inmediaciones de Unai Simón, que había ganado la partida a Herrerín en la titularidad de la meta. Pero la noche seguía torciéndose, y Suárez notaba una molestia en el sóleo, tan ibicenco como el de Messi y en extraña sintonía muscular. Aun tuvo tiempo medio cojo de hacer temblar la estructura de la portería vasca al recoger un error infantil de Unai López, pero tuvo que retirarse seguidamente para ser sustituido por la única buena noticia de la noche, la actuación de Rafinha, que en pocos minutos volvió a probar la estabilidad de la portería de San Mamés, con un gran disparo que Unai desvió con la yema de los dedos a su escuadra derecha.

Se llegó al descanso con alguna mejor sensación, pero lejos de lo esperado por parte azulgrana, aunque amarillo en la noche vizcaína con la preciosa y entroncada con la historia segunda equipación barcelonista. A la vuelta del descanso llegó la quinta decepción: Valverde, valiente con los débiles y débil con los fuertes señaló una vez más a un jugador que no protesta para convertirle en el chivo expiatorio de la insuficiente primera parte: Carles Aleñá, que a mi gusto, dentro de la floja actuación del medio campo, estaba siendo el mejor de largo, entendiendo la necesidad de dar continuidad al juego desde el interior izquierdo. Para más inri, quien salío, no fue Busquets, sino Rakitic, que se benefición del cambio de estrategia local, que transformó la agresiva presión del comienzo del partido en un bloque medio, cuando no bajo descaradamente. Esto favoreció una mejora de la posición azulgrana, y subió la localización del juego unos veinte metros hacia la meta bilbaina.

El partido tampoco es que mejorara demasiado. Bien es cierto que el Athletic ya no merodeaba a un Ter Stegen, que ya tuvo que sacar un par de buenas manos en la primera parte, pero tampoco Unai Simón estaba agobiado, ni mucho menos. El partido parecía que se encaminaba hacia el inexorable empate a cero, cuando el Athletic sacó ya en los últimos compases a un jovenzuelo de 38 añós, que salió con el objetivo adelantar el chupinazo de la Semana Grande de Bilbao un par de días, y se sacó una chilena imparable a centro de Ander Capa para poner el definitivo 1-0 en el marcado y poner el broche de oro al partido a la par que certificaba el sexto sinsabor de un partido que si bien el Barça no mereció perder si nos atenemos al desarrollo del partido en su conjunto, sí que puede significar un gran toque de atención para un equipo, que por mucho que su entrenador sacara pecho sobre las escasas derrotas del equipo en Liga, si nos atenemos al juego, sigue sin satisfacer mínimamente las expectativas creadas por el nivel de una plantilla reforzada significativamente este verano.

Por último, no quiero olvidarme de Dembélé, que además de hacer otro partido para el olvido si no para el cabreo, culminó con molestias el encuentro, y no se presentó a las pruebas médicas que le inquirieron desde el club para aparecer renqueante en el entrenamiento del lunes tras los tres días de descanso que torpemente había anticipado Valverde, y tras comenzar el entreno, tuvo que retirarse con cuatro centrímetros de rotura en el biceps femoral de su pierna izquierda, y ya van 3. Y es que donde no hay, no se puede sacar...

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